En todo el mundo, los sistemas públicos de salud enfrentan un desmantelamiento sistemático, impulsado por políticas neoliberales que buscan privatizar servicios esenciales, transformando la atención médica en un negocio al que solo acceden quienes pueden pagar. Esta crisis impacta con mayor fuerza a las poblaciones más vulnerabilizadas: mujeres, personas racializadas, comunidades empobrecidas y disidencias sexo-genéricas, quienes ven negado su derecho a una atención integral, segura y oportuna.
La privatización de la salud profundiza las desigualdades y reproduce violencias estructurales. Las mujeres, históricamente relegadas al rol de cuidadoras, cargan con el peso de sistemas colapsados, asumiendo labores de atención en condiciones precarias y sin garantías laborales. A su vez, la falta de acceso a salud sexual y reproductiva condena a miles de personas gestantes a embarazos forzados y abortos inseguros, mientras que el encarecimiento de tratamientos y medicamentos deja fuera a quienes más los necesitan. En este Día Mundial de la Salud, la lucha no es solo por hospitales y medicinas, sino por un modelo de atención que ponga la vida en el centro, garantizando el derecho a la salud para todos, todas y todes, sin importar su condición económica o social.
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