En la era de las plataformas digitales, la vigilancia masiva, el uso comercial de la información y la manipulación de datos con fines políticos o económicos se han vuelto prácticas comunes. Por eso, la protección de datos no es solo un asunto técnico o legal: es un tema profundamente ético y político, vinculado a la democracia, los derechos humanos y la justicia social.
Proteger los datos personales implica exigir transparencia a gobiernos y empresas, fortalecer marcos legales, pero también promover una ciudadanía digital crítica y consciente. Saber qué datos compartimos, con quién y para qué, es parte del derecho a decidir sobre nuestra propia vida.
Conmemorar este día es reafirmar que los datos personales no son mercancía. Defender su protección es defender la autonomía, la participación libre y el derecho a habitar el mundo digital sin miedo ni control.
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