El 2 de marzo se cumplen diez años del asesinato de Berta Cáceres, lideresa lenca y defensora del territorio en Honduras. Para muchos pueblos y movimientos, no es solo una fecha de duelo: es memoria y compromiso colectivo.
Berta fue coordinadora del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH) y una voz firme contra la imposición de proyectos extractivos en territorios indígenas, entre ellos el proyecto hidroeléctrico Agua Zarca. Su lucha denunció la alianza entre intereses empresariales, estructuras estatales y violencia contra quienes defienden la tierra.
La siembra de Berta nombra la convicción de que su vida no fue anulada por la violencia: germina en cada defensa del río, en cada comunidad organizada.
Recordar a Berta es recordar que: •Defender el territorio es defender la vida. •Los derechos de los pueblos indígenas no son concesiones, son obligaciones del Estado. •La protección de defensoras y defensores es una responsabilidad pública y urgente.
En América Latina, donde las personas que defienden la tierra y el ambiente enfrentan altos niveles de riesgo, la memoria de Berta no es pasado: es horizonte.
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